Volver a LIberación: Pensamiento y acción de Daniel Oduber

Por varios

Daniel le dió curso a la ley que creaba la Policía Técnica Judicial, dependiente del Poder Judicial: así nació la OIJ.» Mario Charpantier Gamboa

… a Daniel Oduber el poder le sentaba como si hubiera nacido expresamente para ejercerlo.» Dr. Federico Vargas Peralta

I. INTRODUCCION

Hoy contamos con dos colaboraciones más en el acervo de manifestaciones que difunden la obra de Daniel Oduber Quirós.

Una de Mario Charpantier titulada «Un Soldado Más», habla del régimen de seguridad ciudadana. Esta obra revela la gran visión como estadista de Daniel y sus bien escogidos colaboradores. Hoy día debería emprenderse alguna reforma en este campo. Pero ¿dónde se encuentra otro Daniel? La delincuencia de toda índole avanza a pasos agigantados en nuestro país, y la inseguridad ciudadana se acrecienta día con día.

Otra colaboración es de Federico Vargas Peralta «Recuerdos de un Presidente, Daniel Oduber Quirós» en la cual nos presenta diversas facetas de Daniel que, a no dudarlo, revelan el estadista y el político constructivo y visionario que todos conocimos y admiramos.

Rufino Gil Pacheco
Octubre, 2003

II. UN SOLDADO MAS

Mario Charpantier Gamboa
Ex-Ministro de Seguridad Pública

Volver a Liberación

Misa celebrada en la Casona de Santa Rosa en honor de los compañeros caídos el 15 de enero de 1955. Daniel Oduber acompaña a Mario Charpantier durante la ceremonia oficiada por el presbítero Armando Alfaro capellán del grupo. El altar donde se celebró la misa es una cureña de 200 años de antigüedad. Esta cureña o carreta se encuentra en la Hacienda Santa Rosa, pues afortunadamente sobrevivió al incendio. El homenaje se realizó el 15 de enero de 1975

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Después de la misa en Santa Rosa, el 15 de enero de 1975, Don Daniel dirigió un saludo a sus compañeros y familiares. De fondo está la histórica casona de la Hacienda Santa Rosa.

Los que hemos militado bajo la bandera del Partido Liberación Nacional por muchos años, al comentar e intercambiar ideas de lo que ha sido el partido, nos resulta agradable sentarnos a recordar los personajes, líderes, pensadores e idealistas que tanto han aportado a nuestra vida democrática. Aunque parezca frase gastada, para el bien de nuestra patria, este gran partido debe figurar muchos años más.

De todos esos personajes, por la forma atinada en que conducía su liderazgo, fue a Don Daniel a quien admiré y traté más cerca. Él me hizo el inmerecido honor de llamarme a formar parte de su equipo de trabajo más cercano, durante su brillante labor como Presidente Constitucional en su Administración 1974-1978.

Era el acostumbrado soleado y ventoso mes de enero de 1955, en esa pampa Guanacasteca llena de tanta historia y recuerdos patrios, donde viví una de las páginas más duras pero gratas al lado de Don Daniel Oduber Quirós. Costa Rica había sido invadida desde Nicaragua a principios de enero en el año 1955, como última réplica de la revolución de 1948.

En su concepto estratégico y defensivo, el Alto Mando de nuestro Gobierno había formado varios grupos de voluntarios dispuestos a defender la democracia y las instituciones del Estado. Uno de esos grupos de aproximadamente 140 jóvenes, lo jefeábamos el Capitán Andrés Lippa y el suscrito. Se nos designo tomar las instalaciones de la Hacienda Santa Rosa como uno de los puestos más avanzados de la línea defensiva. La tarde del 14 de enero, esta tierra llena de historia y siempre querida tierra Guanacasteca, estaba bajo nuestro control. En horas tempranas del día 15 y en un vehículo tipo Jeep, se hizo presente Don Daniel, acompañado del Lic. Virgilio Aguiluz, del Diputado Guanacasteco Don Carlos Salazar Baldioceda y Don Rosendo Herrera y otros más. La impresión que me causó fue impactante y llena de patriotismo cuando un hombre de sus quilates me dijo: «Capitán Charpantier, soy un soldado más a sus órdenes». Esa misma tarde 15 de enero, nos tocó combatir fuertemente.

Ya han transcurrido más de 47 años de esa gesta grandiosa y las heridas causadas han sanado. Lo que nunca olvidaré es el valor y decisión con que todos pusimos el pecho para defender a la Patria. Don Daniel fue un valiente y serán los historiadores con su disciplina narrativa, los que cuenten estos pasajes que vivimos.

Al involucrarme en la vida política del país, especialmente en mi zona de Puriscal, Mora y Turrubares, estuve muy cerca del Lic. Oduber. Fui electo Diputado por mis coterráneos en 1974. Mi sorpresa fue inmensa cuando el Presidente electo me citó a su casa y sin mediar más que el saludo acostumbrado me dijo: «Vos vas a ser mi Ministro de Seguridad Pública». Agradecido por la demostración de confianza que acababa de depositar en mis manos, buscamos la manera de acomodar mi situación de responsabilidad política con la zona que yo representaba. Su solución fue tajante y acertada. Todo lo tenía pensado y estudiado. Me dijo: «Vas a Puriscal, Mora y Turrubares y a la dirigencia les hacen saber que en el próximo gobierno, además de un suplente del Diputado, habrá un Ministro trabajando constantemente para ellos».

Arrancamos el 8 de mayo de 1974, claros y definidos en nuestro concepto civilista, con la disciplina, orden y gran deseo de servir a los costarricenses en estos delicados campos de la seguridad ciudadana y del Estado.

El país necesitaba dos cambios trascendentes en forma inmediata: darle un sentido más policial a la Guardia Civil y entrarle con profesionalismo al gran problema de la investigación criminal. Teníamos debidamente estudiados los dos retos. Se eliminó el concepto de cuarteles y compañías, que era la organización imperante, y en su lugar establecimos un sistema de Comisarías y Sub-comisarías con la consiguiente y adecuada descentralización, lo que representó un mejor servicio de policía de proximidad. En la medida de las posibilidades se le dotó a la Guardia Civil de más equipo y se ofreció un servicio más eficiente a la comunidad. De Don Daniel surgió la idea de brindarle a nuestros sacrificados servidores policiales la alimentación, como un estímulo y ayuda económica.

El otro gran cambio estaba ya muy adelantado, puesto que ilustres Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, entre los que recuerdo a los Lics. Fernando Coto Albán, Stanley Vallejo, Ulises Valverde y Hugo Porter, presentaron un proyecto de ley que creaba la Policía Técnica Judicial, dependiente del Poder Judicial. Este proyecto cumplió los trámites respectivos en la Asamblea Legislativa en los últimos meses del año 1973, pero no recibió el Ejecútese. Es aquí donde Don Daniel aplicó su claridad de pensamiento y al escuchar el consejo de expertos le dio el curso respectivo a la mencionada ley. Nació así lo que en la actualidad se denomina Organismo de Investigación Judicial (OIJ).

Sin entrar en un análisis Jurídico, esta ley tiene algo diferente e importante en el concepto policial de la época. En materia de seguridad ciudadana, establece claramente que en lo sucesivo, al Poder Ejecutivo le corresponde la función administrativa y preventiva del delito, y al Poder Judicial, por medio de este nuevo Organismo le corresponde todo lo referente a la investigación y a la represión. A la luz de más de veinte años que han pasado, considero estos cambios uno de los más grandes aciertos de la gestión gubernamental del Lic. Oduber, y un paso trascendental en la definición de las normas claras para contribuir a la seguridad ciudadana y a la lucha contra la delincuencia.

Algo que también nos preocupaba permanentemente era la convulsión en Centro América. Guatemala con guerrillas, El Salvador y Honduras con sus relaciones rotas por la llamada «guerra del fútbol», nuestro vecino Nicaragua asediado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional; agravada la situación por la presencia en territorio nuestro de la mayoría de sus dirigentes.

Si los medios de que dispone el Ministerio de Seguridad siempre son insuficientes para dar una adecuada seguridad ciudadana, todavía son más para abarcar el amplio concepto de seguridad del Estado. Si bien es cierto que nuestra seguridad se basa en Tratados y Convenios, también se basa en lo que tenemos muy experimentado de que, al no ser capaces militarmente de atacar a nadie, no somos objeto de agresión. En la realidad se presentan muchas situaciones delicadas en este campo que sólo nuestra posición civilista y nuestra reconocida situación pacifista, son los baluartes de la seguridad del Estado.

Los ejércitos centroamericanos habían creado un órgano de integración denominado Consejo de Defensa Centro Americano (CONDECA). Por razones obvias, Costa Rica solo participaba como observador.

Recuerdo las muchas críticas que recibimos de varios sectores de la prensa cuando anunciamos que acudiríamos a esas reuniones que se realizaban principalmente en Nicaragua. Don Daniel comprendía muy bien el papel estratégico e informativo de nuestra presencia en dichas reuniones. Nunca aceptamos el temor expuesto por la prensa nacional acerca del peligro de alguna desviación de nuestra posición neutral y civilista ante los conflictos Centroamericanos. Para mayor claridad y tranquilidad, en mis actuaciones y de acuerdo con el Señor Presidente, siempre me hice acompañar de miembros de la prensa.

Aparte de los muchos logros en estos convivios y de la confianza que representaba conocer adecuadamente y de primera mano la situación de nuestra seguridad externa, deseo relatar una anécdota muy sensible y satisfactoria, producto de esos encuentros. En uno de mis viajes, los amigos periodistas detectaron que una estimable joven costarricense de filiación Sandinista se encontraba presa en la muy nefasta cárcel «Modelo» de Managua. Luego que lo pusieron en mi conocimiento y yo en el de Don Daniel, nos propusimos un trabajo conjunto, pues su liberación significaba salvar su vida. Tres meses después de habernos involucrado en el proyecto de su repatriación, acompañado de su señor padre y en un pequeño avión del Ministerio de Seguridad Pública, la recogimos en Managua. ¡Gracias amigos por tan notable actuación, gracias de nuevo Don Daniel por salvar una vida!

Lo que expongo no sólo es la exaltación de recuerdos que me han hecho vivir de nuevo los momentos más significativos de mi vida, sino también hacer recuerdo de una relación de amistad leal con el Ex-Presidente Oduber, a quien he admirado como uno de los más valiosos líderes de Liberación Nacional, hijo dilecto de esta Costa Rica, Tierra de paz, democracia y civilismo.

III. RECUERDOS DE UN PRESIDENTE: DANIEL ODUBER QUIROS

Dr. Federico Vargas Peralta
Ex-Ministro de Hacienda

Federico Vargas Peralta acompañado de Porfirio Morera y Juan Arrea.

En mayo de 1974, cuando Daniel Oduber asumió el poder, yo había tenido muy poco contacto directo con él. Lo había oído en discursos, charlas y conferencias en varias ocasiones, había leído algunos de sus escritos y, naturalmente, sabía bien que se le tenía por un hombre de extraordinaria inteligencia y cultura, además de gran político, pero nada más. Fue por eso que recibí con cierta sorpresa la propuesta de que fuera a trabajar en su gobierno, como uno más de los asesores que él quería tener directamente en la Casa Presidencial bajo la dirección general de Carlos Manuel Castillo y directa de Fernando Naranjo.

Permanecí colaborando con su Administración durante los cuatro años que le correspondían y conforme avanzó el tiempo ocupé posiciones cada vez más cercanas a él.

Desde entonces he reflexionado en múltiples ocasiones sobre ese período de nuestra historia, sobre su forma de gobernar, su personalidad y lo que buscaba para Costa Rica. Talvez lo más extraordinario de este gran hombre, a mi manera de ver las cosas, fueron la facilidad y la naturalidad con que se ceñía el poder y lo ejercía. A diferencia de otros hombres públicos, a quienes le viene mal y no saben usarlo o lo hacen mal, a Daniel Oduber el poder le sentaba como si hubiera nacido expresamente para ejercerlo. Creo que por ello a ratos lucía cortante, pero también pienso que le daba una extraordinaria capacidad para tomar decisiones. Recuerdo muchas ocasiones en que resolvía el curso de acción que deseaba que se tomara en relación con asuntos en extremo complicados, en cuestión de segundos. Por la misma razón, no soportaba los largos parlamentos ni los documentos muy extensos y enrevesados.

Era un jefe sumamente estricto y exigente, pero le brindaba a sus colaboradores una gran latitud para realizar su trabajo y raramente interfería en el manejo diario de los asuntos normales. Establecía las políticas generales y luego permitía que las decisiones necesarias para hacerlas una realidad las tomaran los jerarcas de ministerios e instituciones. Me parece importante señalar que, efectivamente, se hizo un gran esfuerzo por cumplir con las promesas de campaña. Así, una de las responsabilidades de nuestro grupo de asesores era ir a las dependencias públicas, programa de gobierno en mano, y verificar el progreso que cada una de ellas había logrado en la consecución de lo que se había ofrecido. Si dicho progreso no existía, o era poco, se podía esperar la llamada de atención por parte del Señor Presidente.

Sostenía Daniel Oduber que, entre sus obligaciones, la de «tomarle permanentemente la temperatura al país» (¡sus propias palabras!) era una de las más importantes. Entre otras razones, por ello acostumbrada recorrer el territorio nacional a partir de los jueves de cada semana, salvo que por alguna circunstancia le fuera imposible hacerlo. Una de las consecuencias de esas giras fue la gran atención que se le dio a la resolución de algunos de los problemas de las zonas rurales del territorio nacional, pero tengo para mí que había otras razones para que el Presidente Oduber hiciera esas giras. Me parece, por un lado, que él creía que la verdadera esencia de la nacionalidad costarricense se encuentra en la gente que vive en el campo laborando la tierra y no en las zonas urbanas, y que para él era necesario renovarse constantemente mediante el contacto con ella. Por otro lado, también creo que, hasta el final de su vida Daniel Oduber fue el más socialdemócrata de los liberacionistas, con lo que quiero decir que conservó hasta el final una profunda fe en los principios originales del Partido Liberación Nacional y de la social democracia europea, aún cuando ya algunos de sus dirigentes los habían flexibilizado o abandonado del todo, y que veía en su contacto con los campesinos y los habitantes de las zonas marginadas del país, una forma de darle expresión a la preocupación que originalmente dicha agrupación política manifestó por ellos.

Si bien delegada mucho, las decisiones finales las tomaba indefectiblemente él. En una oportunidad se discutía un posible aumento del costo de un servicio público y uno de los presentes no escuchó la posición del Presidente, clara y tajantemente expresada, y expresó un punto de vista que, involuntariamente, era contrario al de Daniel. Inmediatamente vino la contrariada manifestación: «Bueno, y quién manda en este país?», que dejó frío al pobre funcionario.

Por razones que todavía ignoro, el gobierno de Daniel Oduber enfrentó un número desusado de huelgas, algunas de ellas muy delicadas. Siempre he creído que la más peligrosa fue la de los trabajadores de Recope, porque hubo que enviar a la fuerza pública a tomar posesión de las instalaciones de esa empresa en Cartago y en Limón y se temía que si había violencia se pudiera provocar una conflagración de enormes proporciones por la cantidad de combustibles almacenados en los tanques y depósitos existentes en ambas localidades. El Presidente Oduber tenia una gira a la zona norte del país en el mismo día en que se ordenó la toma del plantel de Limón, que era el que más preocupación despertaba, y decidió mantenerla para dar la impresión de que todo estaba bien. Pero durante todo el tiempo que duró la operación (desde la tarde de un día hasta la madrugada del otro) se mantuvo en contacto permanente con la Casa Presidencial y la maniobra de ocupación de los planteles de Recope se realizó sin ningún incidente.

La Economía, para gran número de personas, es una ciencia abstrusa; para muchos políticos y no menos gobernantes también lo es, a pesar de la importancia que ha adquirido. Me parece que en la actualidad el éxito o el fracaso de los dirigentes de los países se mide más por el resultado de sus políticas económicas que por cualquier otra cosa, sin que con esto quiera decir que lo económico constituye el único indicador de la calidad de una administración; tan solo deseo señalar que es aquella a la que mayor importancia se le concede en la actualidad.

De acuerdo a este criterio creo que la Administración Oduber Quirós pasará a la historia como una gran administración, porque luego de que se superaron algunas dificultades en sus primeros meses, el país disfrutó de un gran auge económico. Pero lo que deseaba señalar en particular es que el Presidente Oduber, a pesar de que no había estudiado para ser un profesional en la disciplina económica, tenía una particular comprensión de sus principales conceptos y, a diferencia de otros gobernantes, no rehuía la discusión y podía opinar con gran propiedad sobre lo que más le convenía al país en esta materia. Siempre me sorprendió lo bien que él se sentía cuando la conversación versaba sobre temas económicos, lo que yo atribuía a su gran educación y extraordinaria capacidad intelectual.

Cuando murió, algún periodista me preguntó que cuál consideraba yo que había sido la mayor contribución de Daniel Oduber al bienestar del país. Le contesté que había muchas, desde luego, pero que la que yo consideraba más trascendental era el enorme desarrollo que se le había dado a los Parques Nacionales, reservas biológicas y otras formas de protección de la naturaleza. Los años que han transcurrido desde que emití esa opinión no me han hecho cambiar de parecer.

En una breve intervención que realicé en el Plenario de la Asamblea Legislativa, inmediatamente después de la muerte de Daniel Oduber, manifesté que, sobre todas las cosas, él había sido un hombre bondadoso. Cada vez estoy más convencido del acierto de mi expresión.

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