Las organizaciones sociales y la corrupción

Roberto Castro Ch.

Roberto Castro Chaves

A raíz del escándalo en FIFA, vale la pena hacer una reflexión sobre el tema, pues las repercusiones del mismo prácticamente son mundiales, dada la cobertura y los objetivos de la organización afectada.

Observemos qué tipo de organizaciones sociales están expuestas a que en su operación, puedan introducirse acciones indebidas y hasta institucionalizar procedimientos indeseables, indecorosos e ilegales. El problema está en que las organizaciones casi en su totalidad, su accionar las obliga a mantener relaciones con otras organizaciones sean empresariales o comerciales, que trasiegan o manipulan recursos económicos o manejan relaciones de poder económico. La situación se complica cuando las organizaciones que venden, alquilan o producen bienes y servicios, no se ajustan a las reglas del juego y pretenden siempre “ganar”; por consiguiente se saltan las normas y procedimientos aceptados y ofrecen ventajas adicionales a personeros decisores para conseguir su propósito, entonces entramos en el vicio de la corrupción.

Ninguna organización es corrupta, a menos que su objetivo sea conseguir propósitos ilegales o deshonestos como las organizaciones criminales, pero estas por definición no entran en este análisis por razones obvias. Volviendo al asunto medular, las organizaciones se crean con fines y propósitos de bien social o comunal, nacional o internacional, pero todas las organizaciones para poder funcionar, requieren de un elemento fundamental, el hombre. El recurso más importante de cualquier organización es el recurso humano. Ante esta verdad absoluta, tenemos que enfocar el problema, no desde el punto de vista organizacional sino desde el punto de vista humano.

Esto sí es complicado, porque debemos aceptar que el hombre aprende sus primeros hábitos y costumbres a la sombra de su familia, pero también sabemos que la mayor parte de la conducta humana es aprendida, entonces el problema será de nuestro tiempo y achacamos el deseo de hacer dinero fácil y mal habido al consumismo, a la ostentación o a la costumbre. Así las cosas nos preguntamos por “aquel señor ex presidente que fue a Europa a recoger un empréstito y llegó aquí con nada” en qué posición lo ubicamos. Esto nos conduce a que no es un fenómeno de la época y sabemos que los hechos indebidos que implican saltarse el orden aceptado no son nuevos, entonces tenemos que ser congruente y aceptar que la corrupción no implica nada con la organización sino la condición de valores del hombre. Por consiguiente la situación crítica para cualquier organización estriba en cómo detectar cual hombre es corrupto, o tiene inclinaciones para serlo, porque eventualmente un individuo que no haya sido expuesto a la tentación, no ha tenido oportunidad para saber si pesan más sus valores y convicciones o el hecho de concretar una acción corrupta. Aspecto que si hemos observado es que cuando un individuo comete una acción corrupta y no es sancionado de manera inmediata, otro lo intenta pues la impunidad genera incentivos para que otros lo intenten.

Creemos que la acción preventiva para evitar la corrupción, que pueden implementar las organizaciones sociales, es crear un mecanismo ético con normas claras y concretas, que tenga un radio de acción amplia y sin restricciones, que pueda ordenar sanciones y restricciones inobjetables y que sea de cobertura total.

Reiteramos que la organización no es corrupta, corruptos son los hombres que se dejan seducir por ventajas inmerecidas, el problema es que el común de la gente, a veces no hace la diferenciación, una cosa es la organización y otra son los elementos que en ella operan. Lamentablemente a veces los medios de comunicación masiva caen en ese error, sea de manera intencionada o no, el caso es que pueden generar estereotipos nocivos que pueden dañar profundamente el prestigio organizacional y perjudicar su labor sustantiva.

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