La grandeza de Liberación Nacional

Discurso de despedida como Secretario General
Luis Guillermo Solís Rivera
Asamblea Nacional y Plenaria del PLN
San José, 5 de julio de 2003

Luis Guillermo Solís

Compañeras y compañeros liberacionistas:

Hace ya casi catorce meses, en El Nopal de Desamparados, ustedes resolvieron elegir a un profesor poco conocido y casi sin experiencia política como Secretario General del Partido de don Pepe. Lo hicieron en el marco de una profunda crisis electoral e institucional, con la clara visión y lúcido entendimiento de que aquella apuesta -riesgosa sin duda- era necesaria para superar una fase crítica en la vida de nuestra Organización. Una fase crítica que, dada su naturaleza y profundidad, requería de gestos contundentes que demostraran la voluntad de transformación y enmienda de un Partido al que muchos en aquél momento (lo decían abiertamente), daban por muerto.

En mi discurso de aceptación del cargo, lleno de emoción, les dije que sólo podía ofrecerles como garantía de trabajo y de dedicación a esta causa, mi estirpe familiar de liberacionista fraguado gracias a las manos trabajadoras de campesinos y artesanos turrialbeños. Les dije que haría mi mayor esfuerzo para honrar a un Partido que ya no tenía que seguir pidiendo perdón, sino que podía reconstruirse en torno a una nueva práctica política que rescatara al pensamiento crítico y creador que una vez nos hizo grandes en Costa Rica, y que ésta aún hoy nos demanda.

En aquél entonces, lo confieso, no comprendí la magnitud de la tarea encomendada. Sí sabía que el desafío sería grande y que tendría que acometerlo con toda determinación; sabía que sólo sería posible hacerlo con el concurso generoso y solidario de muchos compañeros y compañeras del Partido, de cuyo consejo oportuno y experiencia política no podía prescindir; sabía que tendría que pedirles, humildemente, paciencia y tiempo con mi forma peculiar de hacer política y con mi visión de este desafío como un proceso cuya solución no se agotaba en un acto; y sabía, ciertamente, que la tarea exigiría un sacrificio personal y familiar extraordinario, costo que estuve dispuesto a pagar al igual que lo hicieron tantas y tantos otros compañeros que en su momento me precedieron, o los que en el futuro me sucederán.

Pero sobre todo, estuve siempre muy consciente de la transitoriedad de mi mandato, el cual me fue concedido a plazo fijo por esta Asamblea en dos oportunidades. Tanto así, que cuando preparaba mi mensaje en conmemoración del 51 aniversario del Partido, ocasión en que usé la metáfora del pueblo de Israel que vagaba en el desierto, no pude dejar de anotar en mi pensamiento el hecho de que en ese hermoso pasaje bíblico Moisés, quien les guió durante cuarenta años en busca de la Tierra Prometida, no entró con ellos en aquellos parajes. Yo sabía que más pronto que tarde llegaría el momento de la partida; el momento de decirle a esta Asamblea que el tiempo era ya propicio para definir una estructura permanente para el PLN; una estructura que contara con la fuerza y el liderazgo necesarios para emprender una etapa tan compleja y decisiva como la que tenemos a la puerta.

Ese tiempo ya llegó. Por eso estoy aquí, y con la misma emoción y con la misma serenidad de espíritu que hace catorce meses, les pido de la manera más respetuosa que acepten mi renuncia al cargo que me otorgaron y que ha constituido, para mí, el mayor honor que se me pudo haber conferido en mi vida de militante y más que de militante, de hermano de ustedes, en la hermosa causa del Partido Liberación Nacional.

La tarea, sin embargo, no está concluida. El proceso no se ha agotado. Es necesario que el PLN continúe buscando el horizonte de su propia refundación. Creo que tal desafío sólo podrá ser resuelto con la definición de una propuesta al país que demuestre que nuestro Partido sigue comprometido con los más débiles y con los que menos tienen. Una propuesta que debe ser fruto de una reflexión cuyo espacio natural es el seno fecundo de un Congreso Nacional amplio y participativo.

No inspira a esta afirmación ningún espíritu populista o demagógico. Estoy convencido de que Liberación Nacional debe asumir nuevamente las banderas de la justicia social y la defensa de la sociedad de oportunidades que una vez predicaron nuestros fundadores. Y debe hacerlo, no en un afán electoral, sino con el lúcido entendimiento de quienes sabemos que Costa Rica es lo que es gracias a que un día el PLN supo construir la democracia a partir de la provisión de salud, educación, pan y techo para el mayor número.

Hace algunos meses dije, quizá utilizando una frase poco feliz porque fue poco elaborada, que el PLN debía “virar a la izquierda”. Aunque no es este el momento de abundar en las razones que inspiraron aquella tesis, sí quisiera por respeto a ustedes y por respeto con mis propias convicciones de socialdemócrata, explicarles que dije lo que dije porque creo en un Liberación Nacional que no ve una contradicción entre Estado y mercado; entre capitalismo y justicia social; entre pluralismo y libertad.

Dije lo que dije porque creo en un Liberación Nacional que promueve al pequeño y mediano productor; que capacita y forma a la mujer trabajadora; que educa al joven marginado o a aquél que vive fuera de las regiones metropolitanas del país.

Dije lo que dije porque creo en un Liberación Nacional promotor de la salud pública, defensor de la educación pública, sostenedor del bien común. Un Liberación Nacional que hace una opción preferencial por los oprimidos y por los menos favorecidos, a quienes el Estado debe garantizar solidariamente las condiciones mínimas vitales a las que tienen derecho por medio de la provisión de servicios de buena calidad y a bajo costo.

Dije lo que dije porque creo en un Liberación Nacional que defiende la causa suprema de la paz; que no tiene miedo a ser independiente en un mundo unipolar; que aboga por la abolición de las fuerzas armadas; que condena el tráfico de armas; que clama por la equidad internacional; que aborrece el unilateralismo y la agresión del más fuerte contra el más débil y que cree en la integración latinoamericana y la autodeterminación de los pueblos y de las naciones.

Dije lo que dije porque quiero a un Liberación Nacional que luche para que mis hijas y mis hijos, y para que las hijas e hijos de ustedes, tengan un país con ríos limpios y bosques abundantes, con ciudades ordenadas y campos libres de desechos. Un país con agua potable que disfruten todos, no sólo los jugadores de golf o los habitantes de los barrios opulentos; un país en donde canten los jilgueros y florezcan los porós en el verano.

Dije lo que dije porque defiendo a un Liberación Nacional comprometido con la descentralización y el fortalecimiento de los gobiernos locales, no en un afán desestatizante, sino por convencimiento que es en el ámbito municipal desde donde debe partir el nuevo paradigma democrático al que aspiramos, con comunidades más responsables de sus actos, y con ciudadanos y ciudadanas mejor capacitados para la toma de decisiones.

Dije lo que dije porque creo apasionadamente en aquél verso inconmensurable de Jorge Debravo, de que “la tierra debe ser de todos, como el aire”. Porque creo que el que más gana más debe contribuir para equilibrar las inequidades que produce la apropiación privada de la plusvalía; y porque creo, parafraseando a Silvio Rodríguez, que en el corazón de cada liberacionista se oculta un unicornio azul que nos recuerda cada día la sensatez de aspirar a la igualdad.

Dije lo que dije porque creo, amigas y amigos, que la grandeza de Liberación Nacional radica hoy, como ha radicado siempre, en su disposición de conducir a Costa Rica por las sendas de la justicia social con libertad; y de hacerlo sin miedo a las críticas de los más poderosos que ayer nos acusaron de extremistas y hoy no dudan en calificarnos de ingenuos o nostálgicos porque perseguimos la visión de una Patria libre de la miseria como la que hoy la atormenta.

Compañeras y compañeros liberacionistas:

Debo agradecerles porque a lo largo del último año me enseñaron otra vez a creer en la posibilidad de un país nuevo. Gracias por demostrarme que la savia de Liberación Nacional es abundante en toda Costa Rica, y que sigue dispuesta a alimentar a nuestro Partido incluso en sus horas más difíciles.

En Hojancha, Nicoya, Cañas y Abangares, en Upala, Sarapiquí o Alfaro Ruiz, en Limón, en Pococí, Guácimo o Turrialba, en Pérez Zeledón, la Zona Sur o en el Pacífico Central, en Turrubares, Mora, Santa Ana, o Heredia, o recorriendo algunos barrios del cantón central de San José, constaté que nuestro Partido es la obra de muchos amores, y que el pueblo liberacionista está dispuesto a los mayores sacrificios.

Sigo convencido de que la vuelta del PLN se fraguó en la lucha por las alcaldías y otros puestos locales de elección popular. Nuestras candidatas y candidatos en los comicios de diciembre y enero pasados fueron los verdaderos héroes de la historia reciente de nuestro Partido. Gracias a ellas y a ellos, que dieron la pelea solos y con limitaciones materiales casi insuperables, hoy estamos de vuelta. Por eso afirmo sin temor a equivocarme que no hemos sido los dirigentes del actual Comité Ejecutivo, o de quienes en su momento fueron miembros de la Comisión Política Nacional o de las otras instancias de esta Organización, sino las bases mismas del Partido las que merecen el mayor reconocimiento y nuestra imperecedera gratitud por lo logrado hasta la fecha.

Estoy seguro que cometería muchas omisiones injustas si mencionara aquí los nombres de las compañeras y compañeros que me ofrecieron su apoyo solidario a lo largo de mi gestión, así que no les mencionaré a cada a uno. Ellas y ellos saben que siempre les llevaré en mi corazón. También deseo desde ya pedirles a todas y a todos el apoyo fraterno y solidario para las compañeras y compañeros que serán electos dentro de poco como nuevas autoridades del Partido. Esas personas constituyen una generación de relevo que será capaz, con nuevos bríos, de culminar nuestra victoriosa marcha hacia el 2006, año en que Liberación Nacional volverá a gobernar para bien de Costa Rica.

Y a ustedes, compañeras y compañeros de esta Asamblea, ahora que vuelvo a ocupar un lugar en las trincheras de los militantes liberacionistas, les digo también gracias porque hace casi catorce meses, en el Nopal de Desamparados, no tuvieron miedo de convocarme a filas, de confiarme una responsabilidad extraordinaria y ofrecerme la oportunidad de servirle al Partido desde este cargo. Gracias por su apoyo que nunca flaqueó y del que nunca dudé. Y gracias, muchas gracias, por haberle dado al hijo y al nieto de los zapateros de Turrialba el enorme privilegio de ser Secretario General del Partido de don Pepe, del partido eterno de Costa Rica.

Compañeras y compañeros:

¡Liberacionistas!

¡Qúe bueno es poder proclamar que vive y avanza el Partido Liberación Nacional!

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