El futuro de las américas

Presentación del Ex Presidente de la República y
Director Gerente del Foro Económico Mundial,
Ing. José María Figueres Olsen en el marco de la
Conferencia Business of the Americas,
San José, Costa Rica, 10 de Noviembre de 2003

José María Figueres

Gracias por invitarme a participar en este evento. Estoy muy complacido de estar de nuevo en Centroamérica, y poder compartir con todos ustedes algunas perspectivas sobre el panorama económico de América Latina.

Permítanme empezar reconociendo la enorme cantidad de tiempo y esfuerzo que muchos de los aquí presentes han invertido a lo largo de muchos años para hacer de esta parte del mundo un lugar más próspero. Próspero, en este sentido, significa mucho más que crecimiento económico: implica la consolidación de valores democráticos, el fortalecimiento de los derechos humanos, y la posibilidad de mayores oportunidades para los centroamericanos de vivir en paz y procurarse un mayor bienestar. Por todo su trabajo a favor de estas causas, así como por su asistencia hoy, les quiero dar las gracias.

En su gentil invitación que me han hecho para estar hoy con ustedes, me han solicitado referirme a los temas del comercio y la integración. Quiero dejar en claro desde el principio que estoy en favor de ambos. Apropiadamente aplicados, el comercio y la integración pueden mejorar las oportunidades para la gestión empresarial y el desarrollo. Conozco esto de primera mano porque he trabajado extensamente sobre ambos durante los años recientes, primero como parte del sector privado y luego durante mis años de servicio público.

Al abordar estos temas hoy, quisiera dejar establecidas tres premisas, en las que espero podamos coincidir:

1. La primera corresponde al hecho de que no existe una sino más bien varias América Latinas, cada región con sus fortalezas y debilidades y, por lo tanto, con la posibilidad de adaptar sus propios planes para propiciar su crecimiento económico. En este sentido, aquí no aplica aquello de que “una talla se ajusta a todos”, cuando de discutir perspectivas regionales se trata.

2. La segunda premisa radica en que comercio e integración, tan importantes como lo son, no deben ser vistas como fines en sí mismos. Son, en el mejor de los casos, instrumentos complementarios que deben ser utilizados por nuestros países con inteligencia, como parte de un conjunto mucho más amplio de herramientas para construir nuestro futuro. Por lo tanto, comercio e integración no necesariamente representan la solución mágica a nuestros desafíos de desarrollo, sino más bien son componentes de un esfuerzo nacional mucho más grande.

3. La tercer premisa es que los países, especialmente los más pobres, necesitan una estrategia nacional para extraer valor del proceso de globalización. El desarrollo de esta estrategia es demasiado importante para estar sólo en las manos de los gobiernos; de allí la importancia de incorporar a los sectores privados y académicos así como a la sociedad civil. Por el contrario, aquellos países que no cuenten con una estrategia, más bien sentirán que la globalización les extrae todo el valor posible!

En el caso de América Latina, y particularmente Centroamérica, que es la región bajo el microscopio en esta conferencia, el camino hacia un futuro más fecundo tiene cimientos sólidos en la consolidación de paz, el crecimiento de instituciones democráticas y respeto por los derechos humanos, y los esfuerzos regionales para una mayor integración. Sin embargo, estas condiciones, por difíciles que parezcan, no son por sí mismas garantía de un futuro más promisorio. Hoy por hoy, debemos utilizar el comercio y la integración como armas para avanzar con coraje y determinación para cambiar el paradigma del desarrollo, hacia lo que algunos de nosotros hemos venido denominando desarrollo sostenible.

¿Por qué hacia el desarrollo sostenible? Porque existe evidencia concluyente en muchas regiones del mundo de que sólo mediante la combinación de tres piedras angulares de la sostenibilidad podremos efectivamente mejorar nuestro futuro bienestar. Estos tres elementos son:

1. Vigorosos balances macroeconómicos que alienten el ahorro interno y la inversión extranjera directa;

2. Inversión estratégica en desarrollo humano, principalmente a través de la salud y educación;

3. Establecimiento de una alianza con nuestro entorno ambiental y hábitat natural, de modo que nuestro desarrollo potencial se apoye en el medio ambiente, en vez de verse afectado por él.

Comercio e integración pueden contribuir efectivamente a fortalecer estos tres elementos.

Permítanme reclamar algo adicional que va directamente al corazón de los valores éticos y morales que debemos abrazar en nuestro desarrollo.

El Desarrollo Sostenible en la América Latina debe tener un imperativo en particular: combatir y ganar la guerra contra la pobreza. Esto requiere, por un lado, el regreso a una agenda de crecimiento y prosperidad y, por otro, la ejecución de políticas efectivas de redistribución.

Más de 225 millones de personas en América Latina viven en la pobreza. De éstos, muchos forman parte de los 1,200 millones de personas que viven con menos de un dólar por día. Estoy seguro que hemos oído estas cifras a menudo, tanto así que nos volvemos menos sensibles a ellas. Permítanme ponerlas en otra perspectiva: las vacas en Europa ganan de 3 a 5 dólares por día en subsidios agrícolas, y en el Japón hasta $7 por día! No tengo nada contra las vacas, pero siento que esta realidad señala algunos de los absurdos de este mundo en el que nos compete interactuar!

Las políticas efectivas de redistribución nos permiten anticipar otra razón para este énfasis particular de lucha contra la pobreza: La América Latina es el más desigual de los continentes en el mundo entero. Déjenme ilustrar este punto con algunos números:

• La décima parte más rica de la población de América Latina y el Caribe se lleva el 48 por ciento del ingreso total de la región, mientras que la décima parte más pobre tan sólo accede al 1.6 por ciento.

• Utilizando el Indice Gini de la desigualdad en la distribución del ingreso y el consumo, de los años setenta a los noventa, América Latina quedó registrada con 10 puntos más desigual que Asia, 17.5 puntos más desigual que los 30 países de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD), y 20.4 puntos más desigual que Europa Oriental.

Estas condiciones de pobreza son también pertinentes a nuestras discusiones esta mañana, porque en cierta medida el mundo parece estar dividido hoy en dos bandos, ambos reclamando trabajar por aliviar la pobreza:

1. Uno de ellos, al que presumo pertenecemos todos, reclama que es precisamente mediante el comercio y la integración económica, que podremos reducir más exitosamente estas terribles desigualdades.

2. Otro grupo reclama precisamente lo contrario, al decir que el libre comercio y la integración económica -referidas en general como integrantes del proceso de “globalización”,- son las que alimentan las disparidades y desigualdades.

Y al final del día, existe probablemente algo de verdad en ambos argumentos. Mientras que ambas filosofías desean avanzar en la resolución de los desafíos del desarrollo, el camino para alcanzar esos anhelos no es fácil. Mientras que tanto “Davos” como “Porto Alegre” comparten este objetivo, disienten en los medios para lograr el fin. Como decimos en español, “si el desarrollo fuera fácil, todos seríamos desarrollados”. Además de las dificultades tradicionales en el camino al desarrollo, quisiera compartir con ustedes ciertas complejidades adicionales de más reciente reconocimiento:

• El avance de la globalización a velocidades diferentes en lugares distintos, esté dejando a muchos con una sensación amarga de exclusión económica.

• Esta sensación de exclusión no sólo se expresa en términos económicos, sino también en términos políticos. Hoy hay muchos que se sienten desconectados del proceso de toma de decisiones políticas, toda vez que no se sienten adecuadamente representados a través de los canales de liderazgo político.

• Este sentimiento se ve exacerbado por la falta de atención política centrada en los “bienes globales comunes”. ¿Quién es responsable a nivel global por el medio ambiente? Nadie lo es!

• Y esto sólo viene a confirmar la creciente incapacidad a nivel de la arquitectura de las organizaciones internacionales, para lidiar con los problemas a los que deseamos ellas se aboquen a resolver con éxito.

Dada esta perspectiva global tan desafiante, una alternativa para nosotros los centroamericanos sería seguir el dicho de nuestros antepasados: “Esperemos a que se aclaren los nublados del día”. En realidad, una mirada rápida por nuestra propia región sugeriría que este dicho de nuestros antepasados se convierte en nuestra estrategia principal. En mi propio país, este parece ser el principio gobernante durante los últimos años!

Y así como esperamos a que los nublados se aclaren, el mundo sigue su marcha acelerada. Nuestros antepasados vieron la Revolución Industrial de lejos, tal como uno ve avanzar un tren lentamente sobre el horizonte. Enfrentando grandes dificultades, ellos apenas pudieron cargar el tren con mercancías agrícolas de bajo valor agregado. Hoy día, algunos políticos de la región fallan en detectar que estamos bendecidos por la posibilidad de vivir en la era de la revolución de la alta tecnología, que se asimila más como ver pasar un avión a reacción. En este jet, no se trata de enviar nuestros productos, sino de que nos subamos nosotros mismos!

Es por lo tanto tiempo para la acción. La acción requiere al menos dos elementos: la visión para articular estrategias nacionales y regionales, y liderazgo para ponerlas en práctica! Primeramente quiero abordar el tema de la estrategia, para luego referirme al asunto del liderazgo.

Como una estrategia obligatoria para competir con buen suceso en la economía global, yo he afirmado la necesidad de movernos en dirección al desarrollo sostenible. Sin embargo, quisiera ofrecer ahora también un principio organizador para las acciones concretas que se deben tomar, lo cual tiene que ver con la “competitividad.” No a la competitividad de corto plazo obtenida por vía de la manipulación de los tipos de cambio de moneda, los salarios bajos, o la depredación de nuestros recursos naturales, sino más bien la competitividad verdadera basada en la eficiencia y que conduce a mayor productividad, que a su vez conlleva un mayor valor agregado, proporcionándole a un país los recursos con los cuales aumentar su bienestar.

Bajo este principio organizador de competitividad, quisiera analizar entonces en detalle lo que comercio e integración pueden hacer por nosotros. Pero también permítanme analizar algunos elementos que resultan importantes y complementarios para la acción, y que proporcionan una oportunidad para sinergias verdaderas.

Con respecto al comercio, tenemos a una Centroamérica como región que se encuentra en medio de la negociación de un acuerdo de libre comercio con los EE.UU. Quiero ser también muy claro en relación con este acuerdo: respaldo enteramente las negociaciones de este acuerdo, siempre y cuando conlleven un arreglo comprensivo y de alta calidad. La calidad de este acuerdo, sin embargo, dependerá sólo de nuestro liderazgo y de nuestras destrezas negociadoras. Estoy seguro que este es un proceso complejo con muchas vallas y obstáculos. Aún más, estoy claro que los EE.UU. continuarán negociando de manera dura y agresiva. Pero al final del día, estoy convencido de que ellos respetarán más una posición firme y determinada de nuestra parte, que una actitud subordinada y dócil. El liderazgo, después de todo, es siempre comprendido y honrado por nuestros amigos norteamericanos.

Si negociamos con inteligencia en tal dirección, lograremos un doble entorno: por una parte, maximizaremos la cantidad y calidad de oportunidades que se pueden generar, y la habilidad para transformarlas en realidades. Por otra parte, minimizaremos el número y peligro de riesgos a fin de reducir su impacto negativo en nuestro camino al desarrollo. Este escenario sería, sin lugar a dudas, muy positivo para nuestra región.

Asumiendo que negociamos con inteligencia, favorezco este acuerdo por varias razones. Existen las razones obvias como tener acceso a un mercado de 300 millones de personas, con un ingreso per cápita saludable y un apetito más proclive para el consumo. O las nuevas oportunidades de trabajo que pueden generarse a raíz de mayores inversiones tan necesitadas por las nuevas generaciones de centroamericanos. Sin embargo, existen razones menos obvias para estar en favor de un acuerdo de libre comercio, de las cuales deseo mencionar dos:

1. Los Acuerdos de Libre Comercio nos brindan una seguridad jurídica respecto a las condiciones comerciales, mucho mayores que el estado actual de los arreglos unilaterales, tales como el de la Cuenca del Caribe en nuestra región. Es mucho mejor tener acceso libre para comerciar dentro de un TLC entre estados soberanos, que el estar supeditado a una concesión unilateral, normalmente vinculada a circunstancias temporales. Este estado de mayor certeza jurídica no hay duda que ayuda a alentar las exportaciones y más inversiones en actividades con mayor valor agregado. De esta manera, se ayuda a países a continuar desarrollando sus ventajas comparativas, con las cuales volverse más competitivos.

2. Los TLC también disminuyen nuestro “riesgo país”, como se evidencia en otras naciones que han firmado TLC. Los países que han firmado estos acuerdos, especialmente con economías o regiones más grandes, es más probable que experimenten una “reducción de riesgo país,” lo cual con el devenir de los tiempos, es conducente para condiciones mejores de acceso al capital extranjero por parte de nuestro nuestro sector privado y sector público, y mayores ventajas competitivas para nuestros países como un todo.

Permítanme ahora abordar otro asunto al que ustedes me han invitado a hablar, y que se refiere a la integración regional. De nuevo aquí, déjenme empezar manifestando mi posición en términos inequívocos: soy un convencido integracionista. Trabajé duro hacia ese objetivo durante mi presidencia, por ejemplo mediante el lanzamiento de la Alianza Centroamericana para el Desarrollo Sostenible (ALIDES), subscrita por los EE.UU. en el contexto de la Cumbre de las Américas en 1994, precisamente cuando aconteció el lanzamiento del Area del Libre Comercio para las Américas. Sé también perfectamente, al recordar aquellas épocas, que algunos de mis puntos de vista en esta materia no son populares en esta región, mucho menos en mi propio país. El liderazgo, sin embargo, no es un concurso de popularidad. Es acerca de como mostrar un camino hacia adelante, en vez de favorecer el statu quo!

Hace cinco décadas cinco países centroamericanos se embarcaron en el camino hacia la integración cuando promovieron el objetivo de establecer un mercado común centroamericano. Al mismo tiempo, precisamente en 1957, seis naciones europeas se convertían en los miembros fundadores de la Comisión Europea del Carbón y el Acero.

Cinco décadas más tarde, mientras que en Centroamérica aún se hacen esfuerzos para alcanzar un mercado integrado más perfecto, la Comisión Europea del Carbón y el Acero ha avanzado y se ha integrado de la manera más impresionante que la historia planetaria ha conocido. Quisiera compartir con ustedes algunos ejemplos de esta realidad:

• Centroamérica ha integrado problemas de seguridad personal abastecidos por dos condiciones propias del tiempo de la Guerra Fría: disponibilidad masiva de armamentos y generaciones jóvenes que crecieron en culturas nacionales de violencia. Europa se caracteriza más bien por su cooperación cruzada entre las policías nacionales.

• Centroamérica ha integrado la inmigración ilegal. La Europa Comunitaria permite acceso irrestricto para los ciudadanos de todas las naciones que han suscrito el Tratado de Shengen.

• Centroamérica ha integrado la evasión fiscal, mientras que en Europa existen leyes tributarias comunes que tipifican los fraudes al fisco.

• Centroamérica tiene “fronteras integradas” que inhiben el flujo eficiente de productos. Europa tiene instalaciones fronterizas comunes que facilitan el comercio.

• Centroamérica ha integrado el lavado de dinero mientras que en Europa existe un Banco Central comunitario con una política monetaria común y una moneda común.

Centroamérica tiene una historia común, un idioma común, una religión mayoritaria en común, pero no una visión en común, mucho menos una voluntad política. Europa tiene una historia variada, muchos idiomas en coexistencia, muchas más denominaciones religiosas, pero una visión y una voluntad política comunes.

Quisiera sugerir que la experiencia de casi 50 años de integración económica europea es una que debemos estudiar con cuidado y tenerla como un modelo de referencia. Existen varios aspectos del proceso de la integración europea que creo vale la pena examinar y que pudieran tener implicaciones importantes para nuestra región.

• En primer lugar, el proceso ha sido gradual por naturaleza. Durante la etapa tempranera, los miembros de la Unión Europea se concentraron en asuntos comerciales. Fue solamente más tarde que descubrieron como los beneficios de un comercio más libre podrían favorecer otras áreas de la actividad económica.

• En segundo lugar, mientras el proceso generalmente estaba enfocado a la necesidad de eliminar barreras económicas entre sus miembros, la visión siempre fue política: una que propició una unión cada vez más cercana entre los estados, coexistiendo apaciblemente en un entorno de valores compartidos.

• En tercer término, quienes condujeron desde temprano este proceso reconocieron que las instituciones tienen un protagonismo de la mayor importancia, especialmente como anclaje de la agenda intelectual. De esta manera, la creación de un marco institucional de apoyo vino a incluir el Parlamento Europeo, la Corte de Justicia Europea, la Comisión Europea y así sucesivamente. A propósito, nosotros hemos creado muchas de estas cosas en Centroamérica, y aún tenemos que aprender a asimilarlas adecuadamente.

• En cuarto lugar, los países europeos y, más específicamente, las élites políticas y el público, se vieron en la necesidad de aprender que una integración exitosa depende de la habilidad para subordinar los estrechos intereses nacionales a los intereses de la colectividad. Jean Monet, el padre fundador de la Unión Europea acostumbraba a decir que sacrificar algo de soberanía en áreas particulares era una parte intrínseca del experimento europeo que, a su vez, representaba un signo de madurez política. En Centroamérica más bien hemos dado paso a ceder soberanía con respecto a otras cosas tales como el contrabando de mercancías porque no tenemos los medios para evitarlo, o bien al tráfico de drogas que no respeta nuestras fronteras, y sin embargo a veces nos sentimos insultados cuando tenemos que confrontarnos a la posibilidad de abordar maneras más positivas de compartir los conceptos modernos de soberanía.

Con la incorporación de 10 nuevos miembros en Mayo del 2004 , la Unión Europea se convertirá en la economía más grande del mundo. Es hoy por hoy el continente donde una joven española puede trasladarse a Londres y empezar a trabajar en cualquier parte sin requerir un permiso de trabajo. Es un continente donde un ciudadano inglés fue electo alcalde de una ciudad en el sur de España. Es un continente donde hace escasas cinco semanas, el Canciller Federal de Alemania le solicitó al Presidente Francés que representara los intereses de su país en una reunión de la Unión Europea. Hace como cinco décadas, ambos países perdieron conjuntamente 4 millones de vidas luchando entre sí en la Segunda Guerra Mundial! Es ésta una unión que ha construido una visión más amplia de lo que es la ciudadanía, basado en un sistema de valores consistentes con el advenimiento de una comunidad plenamente integrada y unificada de naciones en un mundo globalizado.

• ¿Por qué no podemos nosotros los Centroamericanos aspirar a una agenda económica y política similar? Creo que tenemos más cosas en común entre nosotros, que lo que tienen entre sí estonianos y españoles!

• ¿Por qué no podemos compartir una visión común de nuestro futuro, una estrategia común mediante la cual competir y atraer inversión extranjera en la economía globalizada?

• ¿Por qué no podríamos nosotros agregar nuestros recursos y compartir por ejemplo Embajadas en los países del Lejano Oriente (y en muchas otras naciones alrededor del mundo) a fin de defender nuestros intereses de una manera más efectiva, en lugar de contar con representaciones diplomáticas individuales prácticamente sin recursos para llevar a cabo sus tareas?

• Por qué no podemos contar con un plan eco-turístico integrado -desde el Petén hasta el Darién- y lanzar una campaña global de promoción en conjunto?

• ¿Y porqué no podemos soñar con una estrategia y equipo negociador verdaderamente integrado para este Acuerdo de Libre Comercio? ¿Pensamos realmente que somos más fuertes como países individuales?

Presento estas preguntas en el espíritu de contribuir a generar un debate sobre las implicaciones más profundas de una integración regional. Seamos más visionarios. Ofrezcamos a nuestros ciudadanos una visión que pueda cultivar su imaginación, y pueda capturar la atención del mundo, y que a la vez proporcione un marco intelectual para una agenda ambiciosa hacia el desarrollo sostenible.

Y para quienes aún abriguen dudas, las negociaciones comerciales del presente son una prueba de mis conclusiones. Los EE.UU. manifestaron que solamente se comprometerían a negociar con todos nosotros juntos o con ninguno! Dejo descansar mis argumentos en pro de la integración regional.

Hasta este punto, he cumplido con mi compromiso con todos ustedes: me invitaron a hablar sobre comercio e integración y así lo he hecho. Pero no los dejaré tan fácilmente. Haber venido hasta aquí desde Ginebra, donde cumplo obligaciones en el Foro Económico Mundial, en los restantes minutos de mi presentación siento que debo desafiarlos a todos ustedes y en especial a los centroamericanos.

A la distancia he seguido el debate público regional concerniente a las negociaciones comerciales. En algún momento han sido presentadas como la pomada canaria, como la cura milagrosa, en el sentido de que si se aprueba el tratado se resolverán todos nuestros problemas, mientras que otras voces han anunciado un desastre total. Me parece que no es ni lo uno ni lo otro. Por supuesto que estaremos mejor con un tratado de libre comercio de gran calidad. Pero aún en ese entendido, ello no sería suficiente para llenar nuestras necesidades de desarrollo, y mucho menos nuestras aspiraciones de bienestar. Una mirada más cercana alrededor del mundo de seguro nos convencerá que este TLC es tan sólo otro paso, junto con muchos otros que necesitamos si anhelamos llegar a ser desarrollados. Permítanme ilustrar este punto mencionando un par de escenarios, que podrían ser el resultado de las tendencias globales del presente.

1. El futuro de mediano plazo del Dólar norteamericano como una moneda fuerte -precisamente la moneda referencia de nuestros países- no es muy claro. Nuestro socio en este TLC en particular, los EE.UU, están arrastrando un déficit fiscal anual de 5%, sin signos alentadores de ponerlo bajo control. Al mismo tiempo, ellos están arrastrando también un déficit comercial de $400 billones por año. Cualquier otro país estaría negociando condiciones duras con el FMI para un préstamo de contingencia. Sin embargo los EE.UU. no tienen ninguna necesidad de recurrir a esto toda vez que es el beneficiario de uno de los más grandes y generosos programas de ayuda económica que el mundo jamás haya conocido. China, unas de las naciones más pobres en el planeta, está hoy día utilizando sus reservas (que representan el 30% de su PIB) para comprar cantidades masivas de bonos del Tesoro de los EE.UU. y con ello contribuir a financiar los déficits en los EE.UU. Obviamente necesita que los EE.UU continúen comprando sus productos (el 40% del total de las exportaciones de China se dirigen a los EE.UU). Otras naciones como Japón están haciendo lo mismo.

¿Pero es esta condición realmente sostenible? Llegará un punto en que esta bicicleta tendrá que frenar, con lo que las tasas de interés se irán al cielo y el dólar se disparará. En esa coyuntura, dónde estaremos ubicados?

2. Con China creciendo a los niveles que lo hace, bien podríamos estar presenciando el fin de la era de la manufactura para el resto del mundo. El año pasado China devoró casi cerca de $60 billones en inversión extranjera. Este año las proyecciones apuntan a superar el nivel de los $60 billones. China está comenzando a ser para el resto del mundo en vías de desarrollo que necesita también inversión extranjera para su desarrollo como lo es Centroamérica, el equivalente económico al “hueco negro” en la física. Prácticamente se traga todo lo que tiene por delante! Esa cantidad de inversión extranjera acoplada a salarios bajos extremadamente competitivos y una población de 1.3 billones de personas, puede llegar a convertirse fácilmente en el polo manufacturero de todo el mundo. ¿Y nosotros estaremos en capacidad de producir, aún con este TLC? ¿Realmente creemos que podemos competir con China en cualesquiera procesos industriales?

Cualquiera de estos escenarios, o bien ambos, están dentro de lo posible. En el mundo de hoy, el futuro no es más una continuación del pasado. ¿Quién habría anticipado la tragedia del 11 de septiembre o la epidemia del SARS?

Una posible estrategia para fortalecer nuestra competitividad regional sería utilizar las presentes negociaciones como una experiencia de aprendizaje, a fin de suscribir otros tratados de libre comercio. Estoy convencido que una posición negociadora centroamericana verdaderamente integrada, lo cual es diferente al hecho de que todos los centroamericanos actúen como grupo, pudiera facilitar mejor las negociaciones de un TLC con la Unión Europea. Los europeos siempre han sido muy generosos con Centroamérica, nuestras economías son muy complementarias, y ellos verían esto como una oportunidad más para ayudar a nuestro proceso de integración regional. Esto también nos vincularía más a la zona del Euro de una manera más sólida, permitiéndonos diversificar nuestros riesgos futuros de convertibilidad monetaria.

Sin embargo, el comercio por sí sólo no habrá de maximizar y garantizar un crecimiento permanente. Tal como lo he mencionado con anterioridad, no es una herramienta mágica que disparará nuestra competitividad de una manera sostenida y que hará aumentar nuestras tasas de crecimiento de forma automática.

Ciertos esfuerzos adicionales son absolutamente necesarios. Voy a proceder a mencionar un par de ellos:

• En primer lugar, necesitamos llegar a ser mucho más sofisticados en conectar las variables macro con las micro, a fin de estimular más iniciativas exitosas de negocios en el marco del TLC. Es cierto que un TLC proporciona nuevas oportunidades, pero sólo nosotros somos responsables para sacar provecho completo de ellos. El último Reporte de Competitividad Global del Foro Económico Mundial es muy ilustrativo al respecto. Este sugiere que una inflación baja, las finanzas públicas bajo control, y un tipo de cambio estable, si bien todas necesarias, no son claramente suficientes para asegurar la creación de un entorno para la actividad del sector privada capaz de generar el crecimiento a largo plazo. Las economías más competitivas del mundo entero son aquellas que han ido más allá del objetivo estrecho de lograr la “estabilidad macroeconómica” y se han concentrado abrumadoramente en fortalecer su infraestructura institucional a través de un amplio espectro que incluye pero que no se limita a: el mercado de trabajo, el marco legal y regulador, el sector financiero, las barreras de entrada para las actividades económicas y la eficiencia en la distribución de los recursos públicos.

El Estudio Anual de Competitividad que lleva a cabo el Foro Económico Mundial emite destellos interesantes para nuestra región. Cuando se preguntó “Cuáles eran los cinco factores más problemáticos para hacer negocios en su país”, los ejecutivos en Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y El Salvador señalaron las siguientes cinco limitaciones entre las más importantes (en orden descendente de importancia):

• Una burocracia de gobierno ineficiente;

• Acceso limitado para el financiamiento, reflejando rigideces e ineficacias en el sector financiero;

• La preponderancia de corrupción, criminalidad y robo;

• Una mano de obra inadecuadamente educada;

• La pobre calidad de la infraestructura de los países;

Yo sugeriría que esta lista proporciona un punto de partida bueno para un diálogo constructivo acerca de los elementos y las prioridades a fin de avanzar en nuestra competitividad, tal como lo he propuesto.

• Un segundo aspecto que cobra importancia es la brecha tecnológica, que es siempre una variable muy visible en las clasificaciones internacionales de la competitividad. Nuestros países todavía invierten muy poco de nuestro PIB en investigación y desarrollo (menos de 1% comparado con el promedio de 2.3% en las economías industrializadas). En estos últimos países, existe una constante sinergia y vinculación entre instituciones académicas y universidades y compañías privadas. La absorción del conocimiento tecnológico de alta calidad continúa siendo muy pobre en nuestra región.

Por encima y más allá de todos estos factores, debemos emprender con toda la seriedad del caso un amplio esfuerzo en la región para trasladar la base de nuestra economía de la “transpiración hacia la inspiración.” Necesitamos adelantarnos en la cadena de valor, lejos de los procesos de manufactura y más hacia una economía basada en el conocimiento. Tal cambio incidirá en rendimientos mucho más fuertes para la región, y nos posicionará con una mayor capacidad de navegar por las aguas turbulentas y desafiantes de la economía global. Comprendo que ésto no es algo que se pueda hacer de la noche a la mañana, sin embargo, centrar la atención en establecer la dirección correcta y dar permanencia al curso de acción, puede hacer mucho hacia la conquista de este objetivo.

Esto es exactamente el cambio que empezamos a lograr cuando negociamos el ingreso de INTEL durante mi gobierno. Al trabajar en conjunto con el sector privado, INTEL rápidamente se convirtió en un imán para atraer otras inversiones en el campo de la alta tecnología y comenzamos a ser testigos del advenimiento de un conglomerado tecnológico. Hoy, este es el sector más dinámico de nuestra economía, y el que mayor valor agregado añade. Resulta lamentable, que a estos esfuerzos no se les diera el más estricto y adecuado seguimiento en años recientes.

En congruencia con el traslado hacia una sociedad basada en el conocimiento, también radica nuestro esfuerzo en la educación. A cada edad, en cada fase, la educación es la garantía segura de un futuro más justo. Las nuevas generaciones necesitan “aprender a aprender,” en lugar de repetir lo que hemos hecho, lo cual corresponde al “aprender para saber.” La educación necesita convertirse en un proceso de toda la vida como compañero permanente, que además nos proporcione los valores más fundamentales. Valores con los que podamos identificarnos y que pertenecen a todos nosotros. Los valores son la llave, y la puerta que pueden abrir es la puerta hacia el futuro.

Tan fuerte es mi creencia en la educación como el instrumento que hace posible el acceso a la sociedad del conocimiento, que en el pasado luché duro en este país para obtener finalmente una reforma constitucional que asegurara al menos un 6% del PIB para inversión en la educación pública. Me he sentido muy desalentando al observar esfuerzos recientes destinados a neutralizar y desatender esta obligación con nuestro futuro, debido a presiones fiscales que pueden resolverse por otras vías. Pero de nuevo, el coraje para apoyar lo que es correcto y visionario, en lugar de caer en la debilidad fácil de acoplarse a las circunstancias según como se estremezcan los vientos, no es una virtud común.

Reconozco que es un desafío difícil el procurar el financiamiento de la educación de por vida y también esperar más de nuestros jóvenes al ingresar a las universidades para competir con lo mejor del mundo entero. Pero ése es la única vía posible para rehacer la justicia, y para construir una sociedad exitosa. Las sociedades sin miseria, con servicios públicos de primera clase, con un nuevo sentido de participación comunitaria hacia un futuro son las que hacen que los sueños de generaciones se conviertan en realidad.

Hasta el momento ya he compartido algunas ideas que van mucho más allá de la negociación de un TLC. Son acciones complementarias necesarias para mejorar nuestra competitividad regional y hacer posible la transición hacia un verdadero desarrollo sostenible. Puede que todo esto no resulte suficiente, si al mismo tiempo no cumplimos con nuestras responsabilidades globales. Después de todo el concepto de una aldea global en que vivimos nunca ha sido tan real, y a la vez tan complejo. Por eso quiero ahora centrar la atención en una de las carencias más visibles que enfrentamos hoy, e invitarlos a todos a generar contribuciones para su solución.

El proceso de la globalización se está desdoblando en ausencia de un progreso equivalente en la creación de una arquitectura institucional internacional que lo pueda respaldar y hacer mejorar su potencial. No existe ninguna autoridad ambiental global (ni liderazgo global); las políticas en esta área se realizan por la vía de los enfoques a casos específicos que involucran elementos de cooperación internacional, sumisión voluntaria, y grandes dosis de esperanza. En ausencia de un cuerpo con jurisdicción sobre el medio ambiente global y de una autoridad asociada con capacidad coercitiva, la comunidad internacional en la práctica ha abdicado del manejo del medio ambiente mundial y lo ha dejado a su mejor suerte y a las acciones de unos cuantos estados bien intencionados.

La economía global no cuenta con un prestamista de última instancia -no existe ningún mecanismo confiable y despolitizado para bregar con crisis financieras. Si un país consigue un acuerdo con el FMI en medio de una catástrofe financiera, se ve supeditado no a un conjunto transparente de regulaciones establecidas, sino más bien a otros factores que incluyen el hecho de que los accionistas más grandes del FMI consideren al país como un aliado estratégico digno de ser auxiliado.

No existe ninguna agencia que asuma la responsabilidad de dar significado legal a los nobles principios plasmados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dando cabida a la descripción de Sen de los derechos humanos como “sentimientos esperanzadores del corazón”. Y según el Departamento de Estado de los EE.UU, existen 44 naciones con capacidad para construir armas nucleares. Por lo tanto, la proliferación nuclear permanece como otro gran ejemplo de las fallas institucionales a nivel global.

Lo que hemos venido hablando, en pocas palabras, se traduce en la necesidad de reinventar el multilateralismo, de forma tal que sirva mejor a los intereses de todos en lo sucesivo. Ya había mencionado desde un principio la incapacidad de muchas instituciones del sistema global para resolver los desafíos de nuestro tiempo. Después de todo, creamos la mayoría de ellas hace más de 50 años. Sin embargo, el mundo tiene la urgente necesidad de una arquitectura institucional global que funcione diligentemente, y debemos comprometernos a procurar esta tarea. Del mismo modo que reconocemos la importancia de que los marcos reguladores para los mercados funcionen a toda máquina, también debemos trabajar en establecer marcos de coordinación para un mejor funcionamiento de la sociedad global del presente.

Y esta necesidad para la acción me lleva al término de mi presentación, al enfocar un último asunto: la política y el liderazgo.

El mundo está pasando por momentos difíciles y nuestra región no escapa a esta realidad. Me resulta muy claro entender que no es fácil para los gobiernos lidiar con todas las dimensiones de los desafíos presentes. Sin embargo, los líderes políticos de hoy, tienen más que nunca, el mandato para ganarse la confianza de las personas en un contexto internacional que cambia vertiginosamente. Cualquiera que le corresponda manejar asuntos de gobierno podría caer fácilmente en la tentación de simplemente administrar la cosa pública en vez de usar el poder para transformar con visión estratégica una sociedad. Hemos sido testigos de varios ejemplos en esa dirección en nuestra región en los últimos años.

De allí la necesidad de contar con un liderazgo renovado, más competente, y con una conciencia clara de los esfuerzos inmensos exigidos para construir soluciones sostenibles y de largo plazo a nuestros desafíos. Nuestro propósito colectivo debe ser hacer posible el bienestar económico que estoy seguro podemos alcanzar si pusiéramos en práctica muchas de las ideas aquí discutidas, a fin de reconstruir la dignidad pública, y para descubrir aún en medio de todas las presiones modernas, los virtudes del sentimiento en comunidad, de la tolerancia, de la decencia y del respeto. Para traer a esta era del consumidor sin límites, el valor de la solidaridad.

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