El camino liberacionista

Por Francisco Morales Hernández

Para estudiar, divulgar y fortalecer los principios ideológicos y programáticos del Partido Liberación Nacional y para elevar y enaltecer la política.»

Presentación

Durante muchos años, Francisco Morales ha sido el reloj despertador del Partido Liberación Nacional. Un hombre que, desde altas posiciones públicas o desde la llanura, nos llama la atención continuamente sobre el deber que los liberacionistas tenemos de ser fieles a nuestro origen, fieles a nuestros postulados iniciales, fieles a nuestras ideas, fieles a nuestros programas, fieles, en suma, a nosotros mismos.

Y Francisco Morales puede hacerlo, porque él es el epítome de esa fidelidad. Y también, el ejemplo de lo que ha de ser un liberacionista luchando por las ideas. Su pelea de dos décadas por lo que inicialmente se llamó Sector de Economía Laboral, que tantas metamorfosis ha sufrido sin llegar a concretarse en una realización nacional, es claro ejemplo de esta conducta. El proyecto ha sido duramente combatido desde riendas contrarias, incomprendido en muchos reductos de nuestro lado, sujeto a toda clase de revisiones, modificaciones y desfiguramientos, pero Francisco Morales no ceja, no abandona la lucha por una idea de indiscutible estirpe socialdemócrata, que tiende a favorecer de verdad a la clase trabajadora y a que progrese, surja y mejore, detenida por la incomprensión o por la ausencia de voluntad, pero que la fe inquebrantable de Francisco Morales mantiene en el tapete, esperando su día (porque a las ideas les llega su día, y no hay torrente más incontenible que el de una idea a la que ese día le llegó).

Su incansable labor de articulista en los periódicos, lo ha llevado a escribir abundantemente sobre los primeros líderes de su partido, sobre los tres primeros hombres a quienes los liberacionistas llevamos a la Casa Presidencial: José Figueres, Francisco Orlich y Daniel Oduber y sobre ese mentor de juventudes y principal ideólogo del liberacionismo que ha sido el Padre Benjamín Núñez, ejemplo de ciudadano.

Y se le ha ocurrido -excelente ocurrencia- reunir los escritos que dedicó a esas figuras claves de nuestra historia reciente, en este tomo que mantendrá viva, como ha sabido mantenerla él, la llama del culto a nuestros estadistas representativos. Bienvenida esta publicación de Chico Morales que, como todo cuanto él hace, nos levantará el ánimo a los liberacionistas y nos sacará de la modorra espiritual en que a veces nos parece caer.

Y que tengamos Francisco Morales por muchos años más.

Lic. Alberto F. Cañas
Presidente de la Asamblea Legislativa

Don Pepe Vive

Ni doctor, ni licenciado, ni ingeniero, ni general, ni Presidente. Simplemente: don Pepe. Así lo vivió el pueblo costarricense.

Ni empresario, ni político, ni sindicalista, ni universitario, simplemente: estadista.

Polifacético, como el renacentista Leonardo Da Vinci o como el padre de la independencia de Estados Unidos Tomás Jefferson.

Da Vinci diseñó aeroplanos, pintó y escribió. Jefferson, también humanista, con igual destreza redactaba la bellísima declaración de independencia o herraba su caballo y hacía sus muebles.

Bolivar cabalgaba por la cresta de la cordillera de los Andes, era estratega y táctico militar y con su prosa y escritos renovaba el estilo literario Latinoamericano. Son hombres excepcionales.

Don Pepe levantaba empresas, como La Lucha, que más que una empresa era casi un falansterio nacido de la noble tradición utopista de Owen, Saint Simón y Fourier.

En el 48, dirigía la estrategia y la táctica de la revolución con visión nacional e internacional. Pensaba y formulaba planes de desarrollo para la Segunda República. Así lo anunciaron, desde el escenario de la guerra, Las Proclamas de Santa Mana de Dota.

Construyó un país nuevo. Otra Costa Rica. Y un partido, que se levantó desde las brumas de la Paz en San Ramón, hace 43 años, con irrenunciable vocación transformadora.

Se empinó sobre los pequeños límites de la aldea para ver -sin dogmatismos- el horizonte de la Humanidad. Entonces, en plena guerra fría, restableció relaciones con la Unión Soviética o visitó -acompañado de nuestro Presidente de Partido, Dr. Aguilar Bonilla- la China Continental.

Pensador público como pocos.

No se dejó atrapar por los dogmatismos ideológicos, como en Palabras Gastadas.

Memorable, todavía, es su intervención en el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica en 1958 con motivo de la violencia en Caracas, Venezuela, por la visita del Vice-Presidente Nixon, publicada en la revista Combate con el nombre de No se puede escupir a una Política Exterior.

Señaló caminos para un nuevo orden económico y político mundial, con su lucha por los precios justos para nuestros productos, la descolonización, la abolición del ejército, la creación de la CEPAL, la UNTAD y la OPEP y su libro La Pobreza de las Naciones.

Amó la agricultura y los árboles.

Todos recordamos Ciprés con SAL, (Sol, Abono y Luz). También Franjas de Luz: arboricultura en el paralelo 10 editado por Instituto Tecnológico en donde nos alertó a «cultivar la madera» como cultivamos el café.

Oigamos esto: «Escribo con emoción, porque amo la agricultura.

No he querido ver las volteas del cacao, y espero no ver las del café. Ojalá que podamos sustituirlo gradualmente, comenzando por las fincas más pobres y haciendo que se desvanezca en un número de años bajo la sombra de plantas más productivas.

Quiera Dios que las lluvias de abril sigan trayendo nuestra primavera tropical, que las chicharras de marzo le canten igualmente a los siembros de mañana, que las flores no se acaben y que vengan otros azahares».

Veinte años después, Liberación Nacional en la administración Monge sembró esas nuevas plantas y esos nuevos azahares al introducir la agricultura de los Cítricos que hoy llega a 30.000 hectáreas y dos plantas de concentrados para exportación.

Casi como alivio de las tempestades de la política se refugiaba en la literatura. Escribió. Hay cuentos de don Pepe que no desmerecen frente a los de Borge, Juan Bosch, Fabián Dobles y Alberto Cañas. Por ejemplo, Así Nacen las Palabras y Cubaces Tiernos en Abril.

Precursor de estilos literarios políticos nuevos, sencillos y siempre educativos, como Cartas a un Ciudadano, que constituyó -junto con los escritos de Rodrigo Facio- la agenda del desarrollo de la nueva Costa Rica.

Rechazó la frase ampulosa, con más son que ton y en su lugar acudió a la frase corta y sencilla, como quería Azorín, cortada a cincel como en García Monge o Salazar Herrera, sobria e inspirada, como en Winston Churchill.

Don Pepe fue un conductor. Costa Rica ha tenido seis conductores polémicos, discutidos, pero que dejaron huella luminosa a la patria.

En el siglo pasado, Gregorio José Ramírez, Braulio Carrillo, Juan Rafael Mora, Tomás Guardia y Rafael Iglesias. Y sólo, en el escenario del siglo XX, don José Figueres.

Una vez, José Martí llegó a Caracas y le pidieron que hablara sobre Bolivar. Martí empezó diciendo que para hablar de Bolivar «se necesitaba tener por tribuna el Chimborazo, entre relámpagos y truenos, con un manojo de pueblos libres en la mano y a los pies, descabezada, la tiranía».

Para hablar de Don Pepe, los que tuvimos el privilegio de estar a su lado en tantas batallas, necesitamos tener por tribuna el Chirripó y desde ahí -de lo más alto- lanzar ideas y acometer acciones que enriquezcan la hermosa aventura del ser humano.

Don Pepe Vive. Para nosotros los liberacionistas, es, y deber ser, pan de cada día.

LA PRENSA LIBRE, 10/6/94

Una conquista del presidente Orlich

Así como se desdibujan -hasta perderse- las huellas en la playa del mar, también el tiempo tiende a borrar las huellas de los seres humanos por los caminos de la historia.

Se conmemoran, en éstos días, los 30 años del Instituto de Tierras y Colonización, hoy instituto de Desarrollo Agrario.

Conviene entonces reconstruir su historia, que es -digámoslo desde ahora- la historia de un Presidente de los campesinos, don Francisco J. Orlich.

Desde la campaña de Figueres en el 53 y en el gobierno, se envió el primer proyecto de reforma agraria a la Asamblea Legislativa. Luis Alberto Monge, entonces ministro de la Presidencia, fue su entusiasta defensor y hasta le costó la salida del gobierno por discrepancias con colegas ministros.

Pero el proyecto se quedó haciendo fila en los archivos de la Asamblea.

En 1958, el diputado liberacionista por Limón, Hernán Garrón, puso a despacho el proyecto de reforma agraria. Febrilmente, el joven e inteligente diputado Fernando Volio Jiménez -con raíces agraristas que le venían desde el Padre Volio- se dio a la tarea de recorrer el territorio nacional visitando grupos de precaristas que proliferaban en el país, sobre todo en Guanacaste, hasta terminar coordinando y redactando el proyecto de ley de Tierras y Colonización que fue aprobado por 44 votos a favor y dos en contra de los diputados presentes.

Pero el presidente Echandi vetó el proyecto alegando razones de inconstitucionalidad y de inconveniencia. El diputado Volio, por razones tácticas, aconsejó a la fracción de Liberación allanarse a las objeciones del ejecutivo -menos una: que las expropiaciones se pagaran con bonos del Estado a 20 años plazo- y pasó el proyecto a la Corte Plena para que decidiera sobre la inconstitucionalidad.

Para un Estado pobre, el pago en bonos, era la única forma de entrarle al problema agrario. Y esto lo sabían Tirios y Troyanos. La Corte tenía la palabra.

El periódico La Nación asumió la campaña ardorosa de los grupos conservadores contra el proyecto. También, desde el periódico La República, grupos liberacionistas defendían el polémico proyecto y, en especial, el sacerdote Francisco Herrera, con poderosas municiones de la doctrina social de la Iglesia Católica.

Por fin la Corte Plena -por un memorable voto- aprobó el proyecto.

Las cosas se complicaron todavía más porque irrumpió la revolución Cubana y Fidel Castro. Y vino la reforma agraria. Y las expropiaciones sobre todo de compañías norteamericanas. Y los Tribunales de Justicia. Y los fusilamientos que llamaron «paredón».

América Latina se estremeció como nunca antes desde la revolución Mexicana de 1910 con su reforma agraria y el grito de Zapata de «tierra para el que la trabaja».

Los grupos conservadores asustados veían comunismo por todas partes.

Hasta que, varios años después, los Estados Unidos con la Alianza para el Progreso del Presidente Kennedy, «recomendaron» la reforma Agraria.

Entonces, hasta Somoza habló de reforma agraria…

Las elecciones de 1962 fueron muy agitadas no sólo porque participaron como precandidatos tres actores del 48: Calderón, Ulate y Oriich, sino también por el combustible ideológico, del que la llama más alta era la reforma agraria.

Aprobada la ley, el germen del Instituto empezó como un departamento del Banco Nacional, igual al departamento de Cooperativas y como había existido también, la semilla del Consejo Nacional de Producción.

En 1962, Presidente electo, don Francisco Orlich -presurosamente- encargó al diputado Volio Jiménez, transformar el departamento del Banco Nacional en un Instituto autónomo y así nace el Instituto de Tierras y Colonización (ITCO).

Del ITCO-IDA, sólo queremos decir esto: que su existencia ha evitado que corra sangre y se sacrifiquen vidas humanas en luchas agrarias y que, en su lugar, se haya enseñoreado la justicia social y la paz.

Razón tiene el lema, en el frontispicio del edificio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra: «Sí quieres la paz cultiva la justicia».

Estas son enseñanzas visionarias -costarricenses- que en los 30 años del ITCO, hoy IDA, recibimos del Presidente de los campesinos, Francisco J. Orlich. En hermoso lenguaje campesino del «Isco» y de «Chico Orlíche».

LA PRENSA LlBRE, 12/12/92

Eso lo arregla Daniel

Empiezo por afirmar que Daniel Oduber es, en Liberación, el legislador por excelencia. Oí muchas veces decir a don Pepe: «Eso lo arregla Daniel».

Liberación ha tenido excelentes parlamentarios como Luis Alberto Monge, Fernando Volio, Jorge Luis Villanueva, José Miguel Corrales. Pero legislador, Oduber.

La calidad de un legislador no se mide por el número de discursos, más o menos, brillantes. Ni por el número de proyectos de Ley.

Incultamente, el precandidato de Unidad, Rodríguez, blazona que lleva 57 proyectos presentados a la Asamblea.

A Moisés -legislador por antonomasia- que yo sepa, solo se le acreditan Los Diez Mandamientos. Igual, al gran legislador Solón, en Grecia, y algunos cónsules en Roma.

Pero Oduber fue legislador.

Yo puedo hablar de él por la circunstancia de que no tuve la suerte de ser del «grupo Oduberista». En Liberación, yo vengo del «grupo Figuerista» y si se quiere «Mongista». Pero tuve la fortuna de ser compañero de Oduber en la Asamblea Legislativa en el período 1970-73, donde fue presidente de la Asamblea tres años seguidos. Y es que Oduber se imponía por liderazgo político.

Era -por los cuatro costados- un político.

Culto, informado, audaz, autoritario y hasta frío. Se le admiraba por su talento y se le temía por su dureza. Pero reconocía y hasta apreciaba la capacidad política de los demás. «Yo soy como un técnico de fútbol y sólo pongo a jugar al que juega bien» nos decía al grupo de diputados jóvenes: Edgar Arroyo, Angel Edmundo Solano, Manuel Carballo, Pedro Gaspar, Reinaldo Maxwell y yo.

Después tuve, también, la fortuna de ser su Ministro de Trabajo y de gestionar la aprobación de la Ley de Asignaciones Familiares y de manejar muchos conflictos laborales, en donde pude comprobar su credo socialdemócrata.

Necesita el legislador saber negociar. Y Oduber era un «milagroso» negociador. Tal vez por eso la frase de don Pepe: «Eso lo arregla Daniel».

Secretario -muy joven- de la Junta de Gobierno de la Segunda República en 1948, Embajador Itinerante en Europa, Diputado en la mejor fracción parlamentaria de Liberación, la de 1958: Oduber, Monge, Volio Jiménez, Carro Zúñiga, Obregón Valverde, Garrón Salazar, Cordero Croceri, Guzmán Mata, por ejemplo.

Sabía -como gran director de orquesta- conducir los proyectos del aguinaldo y relaciones entre productores de café, de Monge; el Instituto de Tierras y Colonización y la Editorial Costa Rica, de Volio; la Ley de Protección y Desarrollo Industrial y Japdeva, de Garrón; la Reforma Constitucional para la Universalización de los Seguros de Carro Zúñiga, y las Reformas Municipales, de Obregón Valverde.

Y el mismo -¡increíble!- apoyado por el periodista antiliberacionista de la Nación, Manuel Formoso, aprobó toda una reforma al Reglamento y funcionamiento de la Asamblea Legislativa que, en esencia, llega hasta hoy.

En la legislatura 1970-74 fue igual, aunque estuvo más dominado por asegurar su candidatura -única- en Liberación, para la Presidencia de la República, que alcanzó en 1974.

Gracias a su destreza se aprobaron cinco leyes complejas de gran trascendencia: la Ley del 4-3 en las Autónomas, la Reforma al párrafo segundo del artículo 38 de la constitución que prohibía la participación del Partido Comunista en las elecciones, el pago adelantado de la deuda política, la Corporación de Desarrollo CODESA y el protocolo de Relaciones con la URSS-. El diputado cartaginés Lic. Jorge Solano Chacón y yo recibimos, incluso, su orientación conceptual y académica, en la aprobación del Instituto Tecnológico de Costa Rica,

Personalmente, conté con su dirección en los proyectos del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, el Instituto Mixto de Ayuda Social, el Instituto de Fomento y Asesoría Municipal, el Instituto Nacional de Fomento Cooperativo -cuyas siglas son de él- y de manera especial, en el Fondo Nacional de Préstamos para la Educación (CONAPE), en donde había participado directamente, igual que en el INFOCOOP -su esposa doña Marjorie- y en la creación de la Universidad Nacional (UNA), cuyo proyecto de ley fue presentado a la Asamblea Legislativa por Oduber y por mí.

(Abro un paréntesis: Oduber, gran orador, nunca leyó sus discursos. Con dos excepciones: cuando intervino en INFOCOOP y en el CONAPE. Intrigado, discretamente me acerqué a su curul y descubrí el secreto: doña Marjorie los había escríto).

Imaginación debe tener el legislador. Y esto no abunda. Hay mucho político que es estéril en ideas, planteamientos, instituciones. No le sale una idea ni por error…

Y la imaginación y la creación política suponen una sensibilidad humana muy especial. Casi que hay que ser artista. Digamos, poeta.

Y a veces olvidamos que Oduber empezó escribiendo poesía en la Revista Surco del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales. Se podría decir que -por la poesía- llegó a la política.

Ignoro si la política mató al poeta, como en Muñoz Marín o en Juan Bosch.

Pero estoy seguro que Oduber fue -el político que fue- porque nunca dejó de ser poeta.

LA REPUBLICA, 13/10/92

El Padre Núñez

Siempre hemos encontrado un gran paralelismo en la vida de los sacerdotes Francisco Calvo y Benjamín Núñez.

Cartagos, los dos (probablemente aquí empiezan los peros…) Polémicos, los dos.

Calvo, de ilustre familia, cuya madre había inspirado al atormentado poeta Gordiano Paniagua allá por 1802 aquellos versos «Dulcísima prenda mía/dueña hermosa de mi amor/», que calleron en manos del marido y fueron escándalo en la vieja metrópoli. Núñez, de Pacayas, de hogar campesino pobre, herrero el padre, costurera la madre.

Calvo crea en 1874 la primera organización de obreros y artesanos y la pone bajo la protección del presidente de la República, general Tomás Guardia; Núñez, inspirado por el arzobispo monseñor Sanabria, crea la Central Sindical Rerum Novarum en 1943.

Calvo es capellán del Ejército Nacional en la guerra de 1856 con don Juan Rafael Mora. Núñez es capellán del Ejército de Liberación, en 1948, con don José Figueres.

Calvo está entre los creadores y profesores de la Universidad de Santo Tomás, en 1844. Núñez está entre los creadores y profesores de la Universidad Nacional, en 1973. Los doctores Juan de los Santos Madriz, Domingo Rivas y Benjamín Núñez han sido los únicos sacerdotes que han ocupado el alto cargo de rectores de universidades estatales: Universidad de Santo Tomás y Universidad Nacional.

Calvo es apasionado partidario, amigo y confidente, de los presidentes Mora y Guardia; Núñez lo es de Figueres, Orlich, Oduber, Monge, Arias y Figueres Olsen.

También hay diferencias.

Calvo no fue político. No ocupó o, mejor, rehusó los puestos públicos.

Según el profesor Rafael Obregón Loría – a quien debemos los conocimientos sobre Calvo con su libro El Presbítero Doctor Francisco Calvo (Ganganelli)- una de sus pocas actuaciones públicas fue el discurso en la inauguración de la Universidad de Santo Tomás, donde compartió tribuna con el ministro José María Castro Madriz y el rector presbítero Juan de los Santos Madriz.

No fue político, pero ejerció gran influencia política sobre los presidentes Mora y Guardia.

Fundador de la Masonería, manejó hilos políticos muy finos y cortantes.

Influyó notablemente en el presidente Guardia para que el presbítero doctor Domingo Rivas no fuese el sucesor del obispo Llorente y La Fuente y en su lugar se designase a monseñor Thiel, período llamado por Sanabria la Primera Vacante de la Diócesis de San José.

El padre Núñez sí ha tenido -sin querer queriendo- una destacada y brillante vida política. Tal vez, la más importante después del padre Volio.

Su hito político probablemente lo constituya el cargo de capellán del Ejército y negociador de la rendición del gobierno de Picado y los delicadísimos acuerdos con el líder del partido comunista Manuel Mora Valverde, en el Alto de Ochomogo.

Ha sido el único sacerdote ministro de Estado en el siglo XX (temo que también en el XIX, de Trabajo y Relaciones Exteriores por recargo, embajador en la Organización de las Naciones Unidas, Israel, Rumania y la UNESCO.

También director de la Caja del Seguro Social, del INVU, y presidente del Instituto Costarricense-Israelí.

Cofundador en 1951 del Movimiento de Liberación Nacional y principal redactor de la primera carta ideológica que es -más que socialdemócrata- un pulido documento socialcristiano. (Fue un gol del padre Núñez, le explica una vez don Pepe a Willy Brandt).

Cofundador, en 1957, con Betancourt, Bosch, Muñoz Marín, Haya de la Torre, Paz Estenssoro y Figueres del Instituto Interamericano de Educación Política, con sede en San Isidro de Coronado y primer director.

En 1968, inspirador y líder en Liberación Nacional del grupo de Patio de Agua.

Casi no se ha escrito documento político importante por parte de los máximos dirigentes de nuestro partido en donde no haya estado la inspiración y la mano del padre Núñez.

No nos atrevemos a afirmar -por falta de conocimientos históricos- que el padre Calvo fuera el sacerdote de mayor influencia política en el siglo XIX, pero sí postulamos que el padre Núñez es el sacerdote de mayor influencia política en el siglo XX.

De Calvo dijo Sanabria: «En Europa el padre Calvo hubiese sustituido con ventajas a Talleyrand; aquí fue la ninfa Egeria de más de un presidente». De Núñez, dijo el expresidente Ulate: «Usted ha sido, padre, ninfa Egeria de presidentes».

LA REPUBLICA, 3/6/94

Francisco Morales

• Abogado.
• Asistente del Director para América Latina de la Fundación Friedrich Ebert, Bonn, Alemania y Santiago, Chile. 1963-1968.
• Cofundador, con los expresidentes Figueres y Monge del Centro de Estudios Democráticos de América Latina (C.E.D.A.L) 1968-70.
• Diputado 1970-72
• Ministro de Trabajo Administración Figueres 72-74
• Ministro de Trabajo Administración Oduber 74-76
• Ministro de Agricultura Administración Monge 82-84
• Precandidato Partido Liberación Nacional (Convención 1993).
• Profesor de Derecho del Trabajo, Universidad Nacional, Instituto de Estudios del Trabajo (IESTRA). 78-94

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